martes, 29 de enero de 2013

Catorce

Se acaban en parte las ciudades, tal vez porque no les queda otra alternativa. Colombia ha sido durante décadas un país hiperviolento y ellas son su principal síntoma. Si Medellín fue la capital del odio, Bogotá ha sido y será la del abandono en los dos sentidos de la palabra. Arrastra las marcas del descuido y de la renuncia.